A ninguno de los mozos parece importarle demasiado que la radio de clásicos insista en perder su sintonía una y otra vez. Quizás sea culpa de la resolana de verano, que se cuela por el ventanal y lo torna todo un tanto sopopífero.
Pido un cortado americano y una medialuna. Y espero. A mi lado, una mujer lee un manual sobre como cuidar a enfermos de alzheimer. Un poco mas allá una pareja -¿son pareja?- se sientan enfrentados. El deglute, de a largos pero espaciados bocados, una individual de muzarella. Ella ignora a la pizza, y también lo ignora a él.
Dos pasos antes de la mesa el mozo tropieza y vuelca la soda de cortesía.
El hecho, que podría parecer irrelevante, cobra cierta magnitud porque, a pesar de llevar todo en la misma bandeja, el sujeto ha logrado volcar la mitad del vaso, más no así al cortado, que permanece impoluto.
Como sea, el agua todo lo salpica. El mozo chista para si, y se lanza a buscar un trapo rejilla. Observo la la bandeja apoyada en la mesa. Observo a la medialuna, que no es de manteca, sino de grasa.
"Esa medialuna no es de manteca, es de grasa" inquiero al sujeto, "Es de manteca" responde tajante, trapo en mano, sin siquiera mirarme. "Pero... es muy finita", sugiero. "Nuestras medialunas son así", sentencia. Y se marcha. Aún me debe una soda que es claro nunca repondrá.
La mujer ha dejado de leer: ahora se maquilla. La mujer de la pareja -¿son pareja?- cedió y está comiendo una de las porciones de pizza. Igual sigue ignorándolo a él. Y el café está quemado. Y la medialuna, vieja. Y un olor a filet se expande desde la cocina. Y la tele anuncia otro crimen que pronto será irrelevante. Y la radio de clásicos insiste en perder su sintonía. Y el sol se cuela por el ventanal, y todo se torna un tanto sopopífero
El chicotazo de las fiestas no llega con el arbolito, las publicidades o, incluso, con el estrés familiar. Ante ello, uno siempre puede correr los ojos, mirar hacia otro lado, desentenderse del asunto. No. El revés llega ante el primer deseo impune de 'felicidades'. No importan las buenas intenciones del sujeto: sin quererlo te ha hundido de lleno en esa vorágine de banquetes orgiásticos, abrazos hipócritas y consumos por encima de tu humilde economía. Sin desearlo, el sujeto te ha obligado a participar activamente del tema, a responder el saludo, a desearle vos también un alegre festejo de una religión que no te compete y una próspera performance en la siguiente iteración del calendario gregoriano.
Gracias, administrador freelance de bases de datos.
Te odio.
Gracias, administrador freelance de bases de datos.
Te odio.
Tormenta
¡Alto!
Espera un minuto.
Necesito que me hagas un favor.
Necesito que te detengas
e imagines
por tan solo un momento
que sucedería
si en verdad cayeran
soretes
de punta.
¿Puedes verlo, amigo?
¿Puedes ver
a las gentes buscando
guarecerse
de los proyectiles
de bosta?
¿Puedes ver las heces
explotando
sobre el asfalto?
¿Puedes ver
las calles
anegadas
de un mar
diarreico?
¿Y los copos
de caca
cayendo,
todos
tan distintos
entre si?
¿Puedes ver
a los perros
perdiendo el control?
¿Y a los niños
jugando
en exceremento?
¿Puedes verlo?
¿Puedes olerlo?
¿Puedes sentirlo?
¿No sería
acaso
algo
realmente
hermoso?
Espera un minuto.
Necesito que me hagas un favor.
Necesito que te detengas
e imagines
por tan solo un momento
que sucedería
si en verdad cayeran
soretes
de punta.
¿Puedes verlo, amigo?
¿Puedes ver
a las gentes buscando
guarecerse
de los proyectiles
de bosta?
¿Puedes ver las heces
explotando
sobre el asfalto?
¿Puedes ver
las calles
anegadas
de un mar
diarreico?
¿Y los copos
de caca
cayendo,
todos
tan distintos
entre si?
¿Puedes ver
a los perros
perdiendo el control?
¿Y a los niños
jugando
en exceremento?
¿Puedes verlo?
¿Puedes olerlo?
¿Puedes sentirlo?
¿No sería
acaso
algo
realmente
hermoso?
sudor y sangre
Dejé los fritos,
las grasas
y el azucar refinada.
Controlo las porciones
y las cantidades.
Complemento con
frutas
y verduras,
crudas
y cocidas.
Y las harinas
-excepto el integral de la mañana-
son cosa del
pasado.
Como legumbres.
¡Legumbres!
Y tomo líquidos
todo
el
rato.
-Hasta mear como un condenado.-
Camino
todo el tiempo,
todos los dias
y me ejercito
y flexiono
y abdomino
y transpiro
y me canso
y me duermo.
Incluso lijé paredes
con térmicas
de 35 grados.
Y en una semana bajé
150 gramos.
Según mis proyecciones,
en unas 100 semanas de dieta,
llegaré a un peso razonable.
No deseado,
pero si razonable.
las grasas
y el azucar refinada.
Controlo las porciones
y las cantidades.
Complemento con
frutas
y verduras,
crudas
y cocidas.
Y las harinas
-excepto el integral de la mañana-
son cosa del
pasado.
Como legumbres.
¡Legumbres!
Y tomo líquidos
todo
el
rato.
-Hasta mear como un condenado.-
Camino
todo el tiempo,
todos los dias
y me ejercito
y flexiono
y abdomino
y transpiro
y me canso
y me duermo.
Incluso lijé paredes
con térmicas
de 35 grados.
Y en una semana bajé
150 gramos.
Según mis proyecciones,
en unas 100 semanas de dieta,
llegaré a un peso razonable.
No deseado,
pero si razonable.
"Gordo boludo!" me gritó el pendejo desde la ventanillaa del fondo, con la suficiente fuerza como para atravesar el barullo que escupía el auricular.
"Tenes como catorce y seguis viajando en micro escolar, gil!", le respondí. Pero el micro ya se había ido, y no me escuchó.
Allí quedé: gritándole al vacío; y sintiéndome un poco boludo.
"Tenes como catorce y seguis viajando en micro escolar, gil!", le respondí. Pero el micro ya se había ido, y no me escuchó.
Allí quedé: gritándole al vacío; y sintiéndome un poco boludo.
Mas que un sueño fue una historia. Tenía principio, nudo y desenlace. Tenía protagonista, antagonista, personajes secundarios e, incluso, un interés romántico sugerido. Tenía giros en la trama, un climax potente, la consabida vuelta de tuerca al final del relato que lo tiñe de siniestro.
Desperté con el sudor propio de afiebrado. El reloj marcaba las 4:35 de la madrugada. Sin siquiera pensarlo, prendí la luz y comencé a tomar nota de lo narrado. Una oferta laboral -bastante generosa-, para trabajar por un tiempo fijo en una planta perdida en la selva de Misiones. Micros, pasajes, valijas, terminales. Otro micro, pero con barrotes. El contacto con la tierra roja. Un joven científico un tanto excéntrico que, sonriente, explicaba las tareas repetitivas y sin sentido aparente que debíamos ejecutar.
A medida que llenaba las hojas del cuaderno la historia comenzaba a desdibujarse. Mis ojos, cansados, se cerraban nuevamente. La manos escribiendo en automático. Aún recordaba el final, pero los detalles que conducían al punto cúlmine del relato se esfumaban, como ocurre con la mayoría de los sueños. El maldito segundo acto.
¿Como era que el protagonista descubría que los mantenían encerrados, si era necesario, contra su voluntad? ¿Cuando encontraba a los otros grupos, idénticos al suyo, realizando la misma tarea? ¿Y el viejo colega, cuando aparecía?.Un poco intentando recordar, otro poco inventando sobre la marcha, logré alcanzar el final del relato: el intento de escape por el lecho de río seco, que se veía frustrado por el supuesto conocido, que se revelaba como colaborador del científico que, aún vivo, estallaba en una risa cínica.
Y satisfecho, volví a dormir.
Cuatro horas mas tarde sonó el despertador. Sin pensarlo demasiado, retomé la automática rutina pre-laboral habitual: pis, ducha, café, tostadas, el primer cigarrillo prendido al contacto con el frío de la mañana. Recién en el colectivo recordé la noche anterior. Busqué en mi bolso la libreta. Había quedado a un costado de la cama.
El día fue largo. Esporádicos pantallazos del relato se me sucederien, intermitentes, a lo largo de todo el día, mientras intentaba llevar a cabo mis obligaciones. Ya era entrada la noche cuando logré retornar a mi hogar. Sin siquiera pensarlo, tome el cuaderno y, con dificultad, comencé a descifrar los garabatos que se sucedían en la hoja. Efectivamente era una historia, si. Con su principio, nudo y desenlace. Con su protagonista, antagonista, sus secundarios, y su interés romántico sugerido. Con sus giros en su trama. Era una historia, si. Pero era una historia bastante bastante pedorra.
Desperté con el sudor propio de afiebrado. El reloj marcaba las 4:35 de la madrugada. Sin siquiera pensarlo, prendí la luz y comencé a tomar nota de lo narrado. Una oferta laboral -bastante generosa-, para trabajar por un tiempo fijo en una planta perdida en la selva de Misiones. Micros, pasajes, valijas, terminales. Otro micro, pero con barrotes. El contacto con la tierra roja. Un joven científico un tanto excéntrico que, sonriente, explicaba las tareas repetitivas y sin sentido aparente que debíamos ejecutar.
A medida que llenaba las hojas del cuaderno la historia comenzaba a desdibujarse. Mis ojos, cansados, se cerraban nuevamente. La manos escribiendo en automático. Aún recordaba el final, pero los detalles que conducían al punto cúlmine del relato se esfumaban, como ocurre con la mayoría de los sueños. El maldito segundo acto.
¿Como era que el protagonista descubría que los mantenían encerrados, si era necesario, contra su voluntad? ¿Cuando encontraba a los otros grupos, idénticos al suyo, realizando la misma tarea? ¿Y el viejo colega, cuando aparecía?.Un poco intentando recordar, otro poco inventando sobre la marcha, logré alcanzar el final del relato: el intento de escape por el lecho de río seco, que se veía frustrado por el supuesto conocido, que se revelaba como colaborador del científico que, aún vivo, estallaba en una risa cínica.
Y satisfecho, volví a dormir.
Cuatro horas mas tarde sonó el despertador. Sin pensarlo demasiado, retomé la automática rutina pre-laboral habitual: pis, ducha, café, tostadas, el primer cigarrillo prendido al contacto con el frío de la mañana. Recién en el colectivo recordé la noche anterior. Busqué en mi bolso la libreta. Había quedado a un costado de la cama.
El día fue largo. Esporádicos pantallazos del relato se me sucederien, intermitentes, a lo largo de todo el día, mientras intentaba llevar a cabo mis obligaciones. Ya era entrada la noche cuando logré retornar a mi hogar. Sin siquiera pensarlo, tome el cuaderno y, con dificultad, comencé a descifrar los garabatos que se sucedían en la hoja. Efectivamente era una historia, si. Con su principio, nudo y desenlace. Con su protagonista, antagonista, sus secundarios, y su interés romántico sugerido. Con sus giros en su trama. Era una historia, si. Pero era una historia bastante bastante pedorra.
Quisquillos
Como que ando
con ganas
de enamorarme.
Como que ando
con ganas
de perder
un poco
el con
trol.
trol.
Flashearla.
Embobarme.
Maquinarme.
Pero no,
justo de vos no.
Está todo bien
pero no.
Está todo bien
pero no.
No,
y de vos tampoco che.
y de vos tampoco che.
No se,
no me gustás.
Disculpá
No tenían mas de quince años. Ambas con anteojos negros, aguardaban su turno para concretar la transacción en la cadena de farmacias. Una de ellas reía nerviosa, mientras escondía un producto en la mano. La otra, supongamos una amiga, intentaba tranquilizarla dándole palmaditas en la espalda. Intentaban pasar desapercibidas, pero claro, no lo lograban.
Finalmente les llegó el turno de pagar. Sin dejar de reír, ni de ocultar lo que tenía en su mano, la portadora se acercó a la caja. Intentó apoyar el producto sobre el mostrador pero su nerviosismo, o la torpeza propia de la edad, se lo impidió. La caja, alargada y de rosa chicle furioso, fue directo al piso. Era un test de embarazo.
La reidora se quedó petrificada, limitándose a mirar el packaging semihundido en la alfombra color neutro. La supuesta amiga, mas rápida, decidió ocuparse del tema. Recogió el producto y se lo alcanzó al empleado, que sin inmutarse lo deslizó por el lector y procedió cerrar la venta.
Todo parecía haber terminado cuando de repente, de atrás mío, escucho a alguien decir: "La próxima decile que acabe afuera, amiga". Saliendo de su catarsis, la ex reidora apenas atinó a tartamuduear un 'pelotudo', antes que la amiga la agarrara del brazo y la tironeara hacia la puerta, mientras el pelotudo estallaba en carcajadas.
Finalmente les llegó el turno de pagar. Sin dejar de reír, ni de ocultar lo que tenía en su mano, la portadora se acercó a la caja. Intentó apoyar el producto sobre el mostrador pero su nerviosismo, o la torpeza propia de la edad, se lo impidió. La caja, alargada y de rosa chicle furioso, fue directo al piso. Era un test de embarazo.
La reidora se quedó petrificada, limitándose a mirar el packaging semihundido en la alfombra color neutro. La supuesta amiga, mas rápida, decidió ocuparse del tema. Recogió el producto y se lo alcanzó al empleado, que sin inmutarse lo deslizó por el lector y procedió cerrar la venta.
Todo parecía haber terminado cuando de repente, de atrás mío, escucho a alguien decir: "La próxima decile que acabe afuera, amiga". Saliendo de su catarsis, la ex reidora apenas atinó a tartamuduear un 'pelotudo', antes que la amiga la agarrara del brazo y la tironeara hacia la puerta, mientras el pelotudo estallaba en carcajadas.
Paja
Hace un tiempo
me agarró la idea
loca
ridícula
revolucionaria
de querer
a sentirme
bien.
O, bueno,
al menos
un poco
-tan solo un poco-
mejor.
Así que tome la decisión
concienzuda
de anotarme
en un gimnasio.
Averigué.
Comparé.
Constaté.
Y cuando estaba todo listo
con el jogging puesto
y la plata en la mano
me avisaron
que necesitaban
un apto médico.
Así que pedí turno
con el médico.
Y esperé
Y después fui.
Y el médico me mando
a hacer
estudios.
Entonces,
pedí turno para los estudios.
Y esperé
y fuí.
Pero había pasado un mes
y la orden
estaba vencida.
"Pero ustedes
me dieron el turno
para más
de un mes"
"Tendrías que habernos
avisado"
me dijeron.
"¿Avisado que?"
"Que era
para un estudio"
Aun pienso otras variantes
por las que quisiera
hacerme
una ergometría
Igual volví a pedir turno para el estudio
y también llamé al médico
y le expliqué la situación
y aceptó darme un sobreturno
y me actualizó la orden
porque igual
pasó la tarjeta
de la prepaga.
Y entonces esperé
y fui
y corrí
y sudé
y me agité
y después esperé
a que me dieran
los resultados.
Pero también tenia que hacer
un analisis
de sangre
y orina.
Entonces compré el frasquito para el pis.
E hice el ayuno de 12 horas
y madrugué
y fui.
Y esperé.
Y esperé.
Como una hora y media esperé,
pero nunca me atendieron.
Y entonces me fui.
Y tiré el pis a la basura
A la semana volví.
Aún mas temprano
Aún más ayunado
Y con un pis
mucho mas amarillo.
Y esperé otra hora y media
y entonces me atendieron
pero me dijeron
que ese estudio
tenía que autorizarlo
"Un análisis de sangre?" le dije
"Autorizarlo?", le dije.
"Si. Un análisis de sangre", me dijo.
"Autorizarlo".
Asi que volví
a tirar el pis en la basura
y me fuí.
Entonces llamé a la prepaga.
Y me dijeron que si
que había que autorizarlo.
Un análisis de sangre.
Autorizarlo.
Y me lo autorizaron.
Y volví a comprar
el frasquito
y volví a hacer el ayuno.
y volví a madrugar.
Pero esperé dos horas
y no me atendieron.
Presenté una queja.
"Tengo una reunión
de trabajo", mentí.
Pero igual me dijeron
que vuelva mañana.
"Mañana es sábado" le dije.
"Por eso mismo", me dijo.
Pero no fuí.
Porque era sábado.
Y la orden se me volvió a vencer.
Y no llamé al médico
porque ya me dio paja.
me agarró la idea
loca
ridícula
revolucionaria
de querer
a sentirme
bien.
O, bueno,
al menos
un poco
-tan solo un poco-
mejor.
Así que tome la decisión
concienzuda
de anotarme
en un gimnasio.
Averigué.
Comparé.
Constaté.
Y cuando estaba todo listo
con el jogging puesto
y la plata en la mano
me avisaron
que necesitaban
un apto médico.
Así que pedí turno
con el médico.
Y esperé
Y después fui.
Y el médico me mando
a hacer
estudios.
Entonces,
pedí turno para los estudios.
Y esperé
y fuí.
Pero había pasado un mes
y la orden
estaba vencida.
"Pero ustedes
me dieron el turno
para más
de un mes"
"Tendrías que habernos
avisado"
me dijeron.
"¿Avisado que?"
"Que era
para un estudio"
Aun pienso otras variantes
por las que quisiera
hacerme
una ergometría
Igual volví a pedir turno para el estudio
y también llamé al médico
y le expliqué la situación
y aceptó darme un sobreturno
y me actualizó la orden
porque igual
pasó la tarjeta
de la prepaga.
Y entonces esperé
y fui
y corrí
y sudé
y me agité
y después esperé
a que me dieran
los resultados.
Pero también tenia que hacer
un analisis
de sangre
y orina.
Entonces compré el frasquito para el pis.
E hice el ayuno de 12 horas
y madrugué
y fui.
Y esperé.
Y esperé.
Como una hora y media esperé,
pero nunca me atendieron.
Y entonces me fui.
Y tiré el pis a la basura
A la semana volví.
Aún mas temprano
Aún más ayunado
Y con un pis
mucho mas amarillo.
Y esperé otra hora y media
y entonces me atendieron
pero me dijeron
que ese estudio
tenía que autorizarlo
"Un análisis de sangre?" le dije
"Autorizarlo?", le dije.
"Si. Un análisis de sangre", me dijo.
"Autorizarlo".
Asi que volví
a tirar el pis en la basura
y me fuí.
Entonces llamé a la prepaga.
Y me dijeron que si
que había que autorizarlo.
Un análisis de sangre.
Autorizarlo.
Y me lo autorizaron.
Y volví a comprar
el frasquito
y volví a hacer el ayuno.
y volví a madrugar.
Pero esperé dos horas
y no me atendieron.
Presenté una queja.
"Tengo una reunión
de trabajo", mentí.
Pero igual me dijeron
que vuelva mañana.
"Mañana es sábado" le dije.
"Por eso mismo", me dijo.
Pero no fuí.
Porque era sábado.
Y la orden se me volvió a vencer.
Y no llamé al médico
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