Mas que un sueño fue una historia. Tenía principio, nudo y desenlace. Tenía protagonista, antagonista, personajes secundarios e, incluso, un interés romántico sugerido. Tenía giros en la trama, un climax potente, la consabida vuelta de tuerca al final del relato que lo tiñe de siniestro.

Desperté con el sudor propio de afiebrado. El reloj marcaba las 4:35 de la madrugada. Sin siquiera pensarlo, prendí la luz y comencé a tomar nota de lo narrado. Una oferta laboral -bastante generosa-, para trabajar por un tiempo fijo en una planta perdida en la selva de Misiones. Micros, pasajes, valijas, terminales. Otro micro, pero con barrotes. El contacto con la tierra roja. Un joven científico un tanto excéntrico que, sonriente, explicaba las tareas repetitivas y sin sentido aparente que debíamos ejecutar.

A medida que llenaba las hojas del cuaderno la historia comenzaba a desdibujarse. Mis ojos, cansados, se cerraban nuevamente. La manos escribiendo en automático. Aún recordaba el final, pero los detalles que conducían al punto cúlmine del relato se esfumaban, como ocurre con la mayoría de los sueños. El maldito segundo acto.

¿Como era que el protagonista descubría que los mantenían encerrados, si era necesario, contra su voluntad? ¿Cuando encontraba a los otros grupos, idénticos al suyo, realizando la misma tarea? ¿Y el viejo colega, cuando aparecía?.Un poco intentando recordar, otro poco inventando sobre la marcha, logré alcanzar el final del relato: el intento de escape por el lecho de río seco, que se veía frustrado por el supuesto conocido, que se revelaba como colaborador del científico que, aún vivo, estallaba en una risa cínica.

Y satisfecho, volví a dormir.

Cuatro horas mas tarde sonó el despertador. Sin pensarlo demasiado, retomé la automática rutina pre-laboral habitual: pis, ducha, café, tostadas, el primer cigarrillo prendido al contacto con el frío de la mañana. Recién en el colectivo recordé la noche anterior. Busqué en mi bolso la libreta. Había quedado a un costado de la cama.

El día fue largo. Esporádicos pantallazos del relato se me sucederien, intermitentes, a lo largo de todo el día, mientras intentaba llevar a cabo mis obligaciones. Ya era entrada la noche cuando logré retornar a mi hogar. Sin siquiera pensarlo,  tome el cuaderno y, con dificultad, comencé a descifrar los garabatos que se sucedían en la hoja. Efectivamente era una historia, si. Con su principio, nudo y desenlace. Con su protagonista, antagonista, sus secundarios, y su interés romántico sugerido. Con sus giros en su trama. Era una historia, si. Pero era una historia bastante bastante pedorra.


Ayer pasé por tu casa.
Te toqué timbre.
Varias veces.

Me pareció ver movimiento,
en la ventana.
una sombra
detrás de las cortinas.
Pero nadie atendió.

No sé.
Debe haber sido el viento.

O quizás fue mi imaginación

Quisquillos

Como que ando
con ganas
de enamorarme.

Como que ando
con ganas
de perder
un poco
el con
                        trol.

Flashearla.
Embobarme.
Maquinarme.

Pero no,
justo de vos no.

Está todo bien
pero no.

No,
y de vos tampoco che.

No se,
no me gustás.
Disculpá

¡No lo hagas!

Los dibujos son de Muriel Bellini




























Somos otros.
Somos desconocidos.
Un poco mas viejos.

Y, también, mucho menos sabios.
No tenían mas de quince años. Ambas con anteojos negros, aguardaban su turno para concretar la transacción en la cadena de farmacias. Una de ellas reía nerviosa, mientras escondía un producto en la mano. La otra, supongamos una amiga, intentaba tranquilizarla dándole palmaditas en la espalda. Intentaban pasar desapercibidas, pero claro, no lo lograban.

Finalmente les llegó el turno de pagar. Sin dejar de reír, ni de ocultar lo que tenía en su mano, la portadora se acercó a la caja. Intentó apoyar el producto sobre el mostrador pero su nerviosismo, o la torpeza propia de la edad, se lo impidió. La caja, alargada y de rosa chicle furioso, fue directo al piso. Era un test de embarazo.

La reidora se quedó petrificada, limitándose a mirar el packaging semihundido en la alfombra color neutro. La supuesta amiga, mas rápida, decidió ocuparse del tema. Recogió el producto y se lo alcanzó al empleado, que sin inmutarse lo deslizó por el lector y procedió cerrar la venta.

Todo parecía haber terminado cuando de repente, de atrás mío, escucho a alguien decir: "La próxima decile que acabe afuera, amiga". Saliendo de su catarsis, la ex reidora apenas atinó a tartamuduear un 'pelotudo', antes que la amiga la agarrara del brazo y la tironeara hacia la puerta, mientras el pelotudo estallaba en carcajadas.

Paja

Hace un tiempo
me agarró la idea
loca
ridícula
revolucionaria
de querer
a sentirme
bien.

O, bueno,
al menos
un poco
-tan solo un poco-
mejor.

Así que tome la decisión
concienzuda
de anotarme
en un gimnasio.

Averigué.
Comparé.
Constaté.
Y cuando estaba todo listo
con el jogging puesto
y la plata en la mano
me avisaron
que necesitaban
un apto médico.

Así que pedí turno
con el médico.
Y esperé
Y después fui.
Y el médico me mando
a hacer
estudios.

Entonces,
pedí turno para los estudios.

Y esperé
y fuí.

Pero había pasado un mes
y la orden
estaba vencida.

"Pero ustedes
me dieron el turno
para más
de un mes"
"Tendrías que habernos
avisado"
me dijeron.
"¿Avisado que?"
"Que era
para un estudio"
Aun pienso otras variantes
por las que quisiera
hacerme
una ergometría

Igual volví a pedir turno para el estudio
y también llamé al médico
y le expliqué la situación
y aceptó darme un sobreturno
y me actualizó la orden
porque igual
pasó la tarjeta
de la prepaga.

Y entonces esperé
y fui
y corrí
y sudé
y me agité
y después esperé
a que me dieran
los resultados.

Pero también tenia que hacer
un analisis
de sangre
y orina.

Entonces compré el frasquito para el pis.
E hice el ayuno de 12 horas
y madrugué
y fui.

Y esperé.
Y esperé.
Como una hora y media esperé,
pero nunca me atendieron.
Y entonces me fui.
Y tiré el pis a la basura

A la semana volví.
Aún mas temprano
Aún más ayunado
Y con un pis
mucho mas amarillo.

Y esperé otra hora y media
y entonces me atendieron
pero me dijeron
que ese estudio
tenía que autorizarlo

"Un análisis de sangre?" le dije
"Autorizarlo?", le dije.
"Si. Un análisis de sangre", me dijo.
"Autorizarlo".

Asi que volví
a tirar el pis en la basura
y me fuí.

Entonces llamé a la prepaga.
Y me dijeron que si
que había que autorizarlo.
Un análisis de sangre.
Autorizarlo.

Y me lo autorizaron.
Y volví a comprar
el frasquito
y volví a hacer el ayuno.
y volví a madrugar.

Pero esperé dos horas
y no me atendieron.
Presenté una queja.
"Tengo una reunión
de trabajo", mentí.
Pero igual me dijeron
que vuelva mañana.
"Mañana es sábado" le dije.
"Por eso mismo", me dijo.

Pero no fuí.
Porque era sábado.
Y la orden se me volvió a vencer.
Y no llamé al médico
porque ya me dio paja.


Idea

Lunes, 21 hs. Estas lavando tus manos en el lavatorio del baño cuando levantas los ojos, y te descubres a ti mismo. Observas tus ojeras remarcadas, tus principios de arrugas, tu barba enmohecida. Observas tu cabellera, con su leve pero incipiente calvicie; con su eterno remolino del izquierdo; con sus rulos que nunca terminan de formarse, pero tampoco de deshacerse. Tu lángida y aburrida cabellera.

Cuando entonces,
tienes una idea.

Abres uno de los cajones y tomas la afeitadora eléctrica con la que desde hace dos años recortas tu barba. Desenredas el cable, preparas el adaptador, y la colocas en tu frente. Sientes un poco de vértigo, pero es justamente éste el que te motiva. Y decidido lanzas tu mano hacia atrás.

El resultado no es el esperado. En vez de un camino de pelo en forma de cresta invertida, solo has obtenido un mechon de pelos. Repites el procedimiento unas cuantas veces. Algo no está bien. El pelo tira demasiado; la cantidad extirpada es insuficiente.

Lo mejor es no detenerse a pensarlo. Asi que sigues imitando el movimiento por un buen rato. A cada pasada, el tirón es cada vez mas grande. A cada pasada, tu pelaje cada vez mas asimétrico.

"¿Como puede ser posible?" te dices a ti mismo "Si yo ya me he rapado con dicho aparato". "¿Sera acaso el enchufe, este enchufe que hace falso contacto y que desde hacer meses me prometo arreglarlo pero jamas, jamas lo he hecho?" te preguntas.

En cueros, semicalvo y con pelo ajenos colgando de tu pecho te diriges hacia el living, con un espejito en una mano, y la afeitadora en la otra.

El resultado es el mismo.

Un tanto nervioso, colocas entonces la máquina en tu barba, como lo haces una vez por semanas desde hace dos años, y mueves tu brazo, una y otra vez.

Nada.

Y alli es cuando comprendes: las cuchillas de la máquina están desafiladas.

Sin limpiar los restos de tremenda masacre que aún descansan en la bacha te lanzas a la búsqueda de aquella gorrita que nunca en tu vida usas pero que te permitirá salir mañana por la mañana a hacerle una visita de emergencia a tu peluquero amigo.


Imaginate que un día te despertas, y la única banda que existe o existió sobre la faz de la tierra es OASIS. Imaginate lo terrible que sería. Porque, ponele que si en vez de oasis fuera Celine Dion, directamente colgas los botines con la música y te dedicas a la papiroflexia o, digamos, la literatura rusa del siglo XVIII.

Pero con Oasis no. Con oasis lo intentarías. De vez en cuando irías y pondrías el disco. Escucharías la guitarra distorsionada, una pentatónica y una luz de esperanza brillaría en tus oídos. ¿Podré acaso lograr que esto me guste? te preguntas. Y te lanzas a ello.

 El primer tema lo toleras. El segundo también. Ya al tercero comienzas a notar como tu mandíbula se tensa. Algo no está bien. El cuarto, y tus nudillos se contraen. Definitivamente, algo no está bien. Al quinto, tus dientes rechinan. Y al sexto, comienzas a largar espuma por la boca. ¿Por que?, te preguntas. ¿Por que es tan blando? ¿Por que es tan fácil? Pero no tienes respuesta. Es rock. Pero es pop. Y es los dos. Pero ninguno a la vez.

Finalmente pones pausa. Sudor frío corre por tu frente. Cuando caes en la cuenta de la desgracia que el hecho implica, corrés a tu cama, a llorar en posición fetal, hasta quedarte dormido, por todo lo que pudo haber sido, pero no fue.

Squish


A mi no me vengas 
con pendejeces
a mi dame 
algo concreto
algo aprensible
algo palpable
algo que pueda tomar
con mis manos
abrazarlo
besarlo
pellizarlo
e intentar
cogmerlo.

Y si es no
es no.

No pasa nada.

Siempre puedo volver
a masturbarme
pensando
en esa chica
que hace cinco años 
que no veo
en persona.




¿Que querés que te diga?

¿Que querés que te diga?

Supongo aún no me siento del todo preparado para dar otra vez el salto hacia esa conforme conformidad
sin altibajos que es la pareja porque si.

Conozco de ello.
Conozco su compañerismo sin sexo y de labios secos,
Conozco su tedio de sonrisas petrificadas.
Conozco sus noches insomnes,
y la fantasías culposas;
La persecución de proyecto
tras proyecto
tras proyecto,
mientras repites
una
y
otra
vez
un lánguido 'estoy bien'
como un mantra.

No.
Creo que aún no estoy preparado para ello.
Mejor, mantengamos nuestras miserias por separado.

Si queres probemos
hablar de nuevo
en..
digamos
que te parece
otro
par de años?
En el cine,
los dramas son para el optimista,
y las comedias para el depresivo.

Ambos, a su manera, buscan lo mismo:
emociones que le son extrañas.

Ajenas.